ASOCIACIÓN ESPIRITISTA LUZ Y VIDA

Fundada el 3 de febrero de 1910

Afiliada a la Confederación Espiritista Argentina

“Después de la Muerte”

He visto yacentes en sus sudarios de piedras o de arena, las ciudades famosas de la antigüedad: Cártago, las de los blancos promontorios, las ciudades griegas de la Sicilia; la campiña de Roma, con sus acueductos rotos y sus tumbas abiertas, las necrópolis que duermen su sueño de veinte siglos bajo las cenizas del Vesubio... He visto los últimos vestigios de ciudades antiguas que en otro tiempo, hormigueros humanos, hoy ruinas desiertas que el sol de Oriente calcina con sus caricias abrasadoras. He evocado las multitudes que se agitaron y vivieron en aquellos lugares; las he visto desfilar por delante de mis pensamientos, con las pasiones que las consumieron con sus odios, sus amores, sus ambiciones desmedidas, sus triunfos y sus reverses,-humos transportados por el soplo de los tiempos-...Y me he dicho: he aquí en que se convierten los grandes pueblos, las capitales gigantescas: algunas piedras amontonadas otros taciturnos, sepulturas sombreadas por áridos vegetales en cuyas ramas, plañe sus quejas el viento de la noche...La historia ha registrado sus vicisitudes de su existencia, sus grandezas pasajeras, su caída final: pero la tierra lo ha sepultado todo...¡Cuántas otras existen cuyos nombres son desconocidos!...¡Cuántas ciudades, razas y civilizaciones yacen para siempre bajo las profundidades de las aguas, en la superficie de continentes desaparecidos...". Y me pregunto por qué esta agitación de los pueblos de la Tierra, por qué las generaciones se suceden como las capas de arena levadas incesantemente por la ola, para recubrir capas que le han procedido, por qué estos trabajos estas luchas, estos sufrimientos, si todo debe terminar en el sepulcro... Los siglos, esos minutos de la eternidad han visto pasar naciones y reinados y nada ha quedado en pie, la esfinge lo ha devorado todo. ¿A dónde va el hombre en su carrera...a la nada o la luz desconocida?. La naturaleza sonriente y eterna enmarca con sus esplendores los tristes restos de los Imperios, en ella nada muere sino para renacer. Leyes profundas y un orden inmutable proceden en sus evoluciones. El hombre con sus obras es, ¿sólo destinado a la nada, al olvido?.La impresión producida por el espectáculo de las ciudades muertas, la he vuelto a recontar más conmovedora en los fríos despojos de mis allegados, de los que han participado de mi vida. Uno de aquellos que amáis va a morir, inclinados hacia él con el corazón oprimido, ver extinguirse lentamente en sus facciones las sombras del mas allá. La lumbre interior sólo lanza ya pálidos y temblorosos resplandores: he aquí que se debilita aún y luego se extingue...Y a la razón, todo lo que en ese ser atestiguaba a la vida, esa mirada que brillaba, esa boca que emitía sonidos, esos miembros que se agitaban todo esto queda velado silencioso e inerte. ¿Qué hombre no se ha pedido la explicación de este misterio?. ¿En su afrontación solemne con la muerte ha podido no pensar en lo que le espera a él mismo?. Este problema nos interesa a todos porque en todos ha de cumplirse la ley. No importa saber si la muerte no es más que un taciturno reposo en el aniquilamiento o por el contrario es la entrada en otra esfera de sensaciones. De todas partes se eleva el grito de angustia del ser al precipitarse en el camino que lo conduce a lo desconocido. La muerte es el signo de interrogatorio colocado ante nosotros, la primera pregunta en la cual suceden preguntas innumerables. A pesar de estos esfuerzos del pensamiento la oscuridad pesa aún entre nosotros. El hombre en medio de sus rudas labores no es ni más feliz, ni mejor. El escepticismo, el materialismo lo han reemplazado. Convulsiones sociales nos amenazan. El hombre por la incertidumbre del porvenir levanta su mirada hacia el cielo y pide la verdad. Sin embargo existe una solución a estos problemas, el testimonio de los sentidos y la experiencia de la razón. En el momento mismo en que el materialismo ha llegado a su apogeo y ha llevado a todas partes la idea de la nada, una ciencia nueva, apoyado sobre hechos, aparece, ofrece al pensamiento un refugio en el que aquél encuentra por fin los conocimientos de leyes eternas de progreso y de justicia. Esta doctrina capaz de transformar la faz de la sociedad es la que ofrecemos a los investigadores de todos los órdenes y todas las categorías. Demostrando que la vida no es una ironía de la suerte ni el resultado de una entupida casualidad, sino el resultado de una ley justa y equitativa abriéndose las perspectivas radiantes del porvenir. Abrirlo con confianza, leedlo con atención, porque emana de un hombre que por encima de todo quiere vuestro bien. De entre nosotros muchos tal vez rechazarán nuestras conclusiones, sólo un pequeño número las aceptará. ¡Qué importa!, no buscamos el éxito; un sólo móvil nos importa: el respeto al amor, a la verdad. Una sola ambición nos anima: quisiéramos que cuando nuestra envoltura desgastada vuelva a la Tierra nuestro espíritu inmortal pudiera decirse: "Mi paso por aquí no habrá sido estéril, sí he contribuido a apaciguar un dolor, a iluminar una inteligencia en demanda de la verdad, a reconfortar a una sola alma vacilante y entristecida..."

Extraído del Libro: “Después de la Muerte” del escritor y filósofo León Denis.

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